Tony ManeroSantiago de Chile, 1978, plena dictadura militar en la época más cruda y siniestra. En medio del complejo contexto social provocado por la dictadura, Raúl Peralta, un hombre de cincuenta años, está obsesionado con la idea de ser lo más parecido posible a "Tony Manero", el personaje de John Travolta en "Fiebre de Sábado por la Noche". Raúl lidera un pequeño grupo de bailarines que regularmente actúan en un bar ubicado en los barrios bajos de la ciudad. Cada sábado en la noche, él desata su pasión por la música de la película, imitando a su ídolo. Su sueño de ser reconocido como una estrella del entretenimiento está próximo a hacerse realidad cuando Televisión Nacional anuncia el concurso de imitadores de "Tony Manero". Su necesidad de reproducir la atmósfera de la película lo lleva a cometer una serie de crímenes y robos para así crear la ilusión. Mientras tanto, sus compañeros de baile, quienes están involucrados en actividades secretas en contra del régimen, son perseguidos por la policía secreta del gobierno. Tony Manero es una historia sobre la pérdida de identidad y obsesión en la historia reciente de Chile. El director Pablo Larraín da una vuelta de tuerca -a mi parecer nuevamente fallida- a su anterior filme "Fuga" (ya comentado en este blog), con un filme sobre un sicópata. La composición del personaje de Raúl Peralta, Alfredo Castro, que estuvo sobregirado en Fuga y convincente en Casa de remolienda, asume el rol con convicción y limpieza, y su trabajo puee estar entre las interpretaciones más fuertes del cine chileno en mucho tiempo. El suyo pudo haber sido un personaje inolvidable y si no lo fue es porque la película no es precisamente muy compasiva con él. Desnudando en forma recurrente sus miserias, explicitando con escarnio su sexualidad fracasada o revolviendo con saña literalmente sus fecas, Tony Manero en realidad no es una película dulce. Tampoco a la sutileza, a las indirectas o a las analogías, y de hecho casi todas sus referencias al clima político del Chile de Pinochet son tan predecibles como gruesas. Al insistir en forma tan explícita en la dimensión mórbida o en el patetismo de la conducta del protagonista, la película se farrea en buena parte la poderosa metáfora política envuelta en la idea de que en los años 70, a la larga, todos fuimos, en la sociedad chilena, un poco psicópatas.
Jara, Víctor. La población, 1972.Reeditado en 2001 por Warner. La población es la recuperación de un trozo de historia de Chile, pero a diferencia de otras obras de similares características no se trata de un hecho que figure en las historias oficiales. Sus protagonistas no son de los que pasan con nombres y apellidos a la posteridad, son los anónimos habitantes de cualquier poblado obrero o campesino de Chile, y su historia, aunque igualmente heroica y dramática que las grandes gestas, es un hecho diario cotidiano, colectivo: la ocupación de un sitio para vivir y la posterior resistencia a las fuerzas que quieren ponerlos en la calle. Claro está que "La población" se basa en un hecho real, y por ello Víctor Jara acudió con un magnetofón al lugar del suceso y fue grabando las voces de los propios y anónimos protagonistas, que son los que en el disco nos van contando su historia, sin ningún acento dramático, con el mismo tono festivo o duro con que vivieron los hechos, sirviendo de soporte y referencia a la obra musical que Víctor Jara compuso e interpretó con la ayuda de "Huamari", "Cantamaranto", Bélgica Castro e Isabel Parra. La carátula del álbum incluía una dedicatoria “a todos los pobladores de nuestro país. A sus combates y sus victorias. A sus dolores y a sus alegrías. A los hombres y mujeres que sacrificaron sus vidas para que sus hijos tuvieran un lugar donde vivir. A todos los que ahora tienen su nueva vivienda”. Según el propio Víctor Jara, “La población” le permitió comprender que la conexión con el pueblo debía ser más empírica que teórica. Así lo explicó Víctor: “Lo único que anhelo es haber sido en mis composiciones tan sincero como todos esos pobladores que abrieron su alma para entregármela. Este disco deja como experiencia que la mejor escuela para el cantor es la vida”.
Perec, Georges. La vida instrucciones de uso. Anagrama, 2006. ISBN: 8433920588.
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La vida instrucciones de uso" no es más que una descripción de una construcción, pero tan pormenorizada que llegará a cubrir buena parte de la historia, geografía, política y bellas artes del último siglo. Cada uno de sus breves capítulos está dedicado a una parte del edificio, el comedor del tercero a la derecha; el dormitorio de los Foulerot; un tramo de escaleras y consiste en una descripción meticulosa y exacta de la habitación y de los objetos allí presentes: mobiliario, adornos y cuadros, cualquier cosa nos será dibujada con palabras, tantas como sea necesario para evitar ambigüedades: las descripciones de centenares de objetos podrían ser recuperadas para un catálogo de venta por correo, siendo más fieles y vivaces que muchas fotos. Si, por casualidad, se encontrase alguien en la pieza bajo estudio (persona, animal o recuerdo de antiguo inquilino), también nos será descrito, con menos énfasis en lo físico que en sus ocupaciones y breve biografía. En caso de existir anécdotas interesantes protagonizadas por el personaje, o por alguien muy próximo, nos serán relatadas en este momento. El autor al referirse al libro dice "Me imagino un edificio parisino al que se ha quitado la fachada de modo que, desde la planta baja a la buhardilla, todos los aposentos que se hallan en la parte anterior del edificio sean inmediata y simultáneamente visibles. "Todo el libro se ha construido como una casa en la que las habitaciones se unen unas a otras siguiendo la técnica del puzzle." Efectivamente, cada capítulo se parece a un fragmento de un gigantesco, fascinante puzzle, cuya "osamenta" la constituye una casa parisina de la calle Simon-Crubellier: cada pieza del puzzle es un capítulo y lleva una indicación sobre sus inquilinos de hoy y de ayer, reconstruyendo los objetos, las acciones, los recuerdos, las sensaciones, la fantasmagoría, muy similar a una biblioteca o al menos a un esquema de clasificación decimal.
Ajiaco1/2 kilo de posta negra
1/2 kilo de papas cocidas
3 cebollas picadas en pluma
4 cucharadas de "color" (mantequilla y paprika)
2 huevos duros
1 cucharadita de perejil picado
2 litros de caldo de verduras
4 cucharadas de jugo de carne
orégano, ajo, comino, aji verde, sal y pimienta
1 naranja agria (el jugo)
PreparaciónAse la carne al horno o la parrilla y reserve todo el jugo que produzca, córtela en tiritas de 3 a 4 cm. de largo. Fría las cebollas en una cucharada de color. Vacíe esto en una cacerola y agregue el resto de la color, los aliños y las papas cortadas en juliana. Cuando todo esté frito y dorado eche el caldo de verduras y deje cocinar 1 hora a fuego lento. Un momento antes de servirlo agregue la carne cocida con todo su jugo. Sirva en un plato hondo y encima pique huevo duro y termine con un poco de jugo de naranjas agrias.
Maridaje. Vino: Concha y Toro. Casillero del Diablo Syrah, Reserva Privada, 2007.
Es probable que Casillero del Diablo sea el vino chileno más conocido en el mundo. Nació en 1966 con el Cabernet Sauvignon y hoy comprende 12 variedades vendidas en 114 países. La línea ha tenido sus altibajos durante los años, pero hoy merece una nueva mirada con un respeto renovado. Son vinos fáciles de beber a un muy razonable precio. Varios de ellos indican que su Denominación de Origen es el Valle Central, lo que significa que contienen fruta de diferentes sub-valleys de la Depresión Intermediaria, desde Maipo a Maule. Muchos creen que mezclar procedencias es una indicación de una calidad inferior, pero es un concepto errado. Igual que hoy existen muchas mezclas de cepas, el combinar fuentes es otra variación del mismo concepto. Aquí se trata de 100 % Syrah de cinco viñedos y tres valles. La mitad es de Peumo y Marchihüe (Rapel), otro 44 % de Villa Alegre y Pencahue (Maule) y, finalmente, un pequeño toque (6 %) de Limarí, que no es del Valle Central, pero la ley permite hasta un 25% de otros valles. Cada zona aporta algo único al vino final. El resultado es un muy amigable Syrah lleno de aromas de mora fresca y madura, guinda, pimienta negra y un dejo de cacao. Beberlo es muy grato: jugoso, suave y levemente dulzón con taninos muy maduros. Este, igual que las 11 otras variedades en la línea, es un claro ejemplo de la relación precio-calidad de los vinos chilenos.
Restaurante.
El HoyoUbicado en San Vicente 375 con Gorbea, Estación Central, Fono: 6894528. Existe desde 1912 pero nadie ha querido "taparlo". En 1985, justo después del terremoto, llegó a este bar un gringo al que no le gustó el vino tibio y pidió que le echaran encima helado de piña. Así nació "el terremoto", el trago más famoso del lugar. Dicen que basta tomarse dos para que el movimiento telúrico lo deje como gelatina y hablando enredado. La "réplica" es el vaso más chico. Las mesas son barriles donde antaño se tomaba chicha directamente de una manguera. El pernil es el rey de la casa, pero también son típicas las pichangas y las lenguas aunque los viejos "hoyinos" se quejan de que antes eran más contundentes.