La ciencia y el sueño

La ciencia del sueño
Michel Gondry en La Ciencia del Sueño nuevamente nos entrega una narración llena de magia y, aunque parezca un juego de palabras absurdo y contradictorio, mucha fantasía y realismo. Tal como en “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos”, el realizador francés nos presenta una nueva historia de confusión entre sueño y realidad, sólo que aquí el motivo no es la manipulación externa como lo hacía la empresa Lacunna INC. a pedido de sus clientes. No, aquí el asunto es más bien patológico. Pero en esta historia el trastorno mental no es sólo un tópico para Gondry. Stephane (Gael García Bernal) sufre de falta de concentración, estado confusional entre sueño y realidad, y sobretodo, mucha, mucha imaginación y creatividad. Esto último aflora en su especial colección de inventos, cualidad heredada de su padre, como el martillo que apaga la luz o la máquina de viajar un segundo en el tiempo. Pero su mundo imaginario no es uno cualquiera. Su mundo paralelo tiene forma de un show de televisión, “Stephane TV”, donde el personaje encarnado por el mexicano es captado por cámaras de cartón, con una escenografía cargada a las cajas de huevo y donde se muestra como un multifacético anfitrión. Es en este “programa” donde se centran las ideas y los sueños del protagonista. Y la forma que tiene de ver las cosas. El argumento nos ubica en París con Stephane volviendo a vivir a la ciudad de su infancia. Su padre, con quien vivió en México, ha muerto, por lo que decide aceptar un trabajo que su madre le ha conseguido allí. En la ciudad luz vivió de pequeño hasta que sus progenitores se separaron, sin embargo, el reencuentro con su hogar y su mundo infantil marcan la soledad del personaje y su necesidad de sumirse en un mundo imaginario, casi como método de supervivencia. Su madre, que vive con su nuevo novio, ni siquiera va a recibirle y el teléfono es la única vía de comunicación entre ellos durante mucho rato. Ella le ha conseguido un trabajo que despierta su ilusión (es artista gráfico), pero las tareas asignadas en la agencia no son lo que esperaba, provocando escenas intensas en su mundo onírico. Pero en el trabajo encuentra un grupo de personajes curiosos y especiales, en especial Guy un tipo desencantado con humor que lo intenta traer de vuelta a la realidad constantemente. Lo mejor de estar en un trabajo horrible es tener compañeros que se lo tomen con gracia. Stephane es en sus sueños el jefe de la agencia, la que de pronto también es un set de televisión donde es entrevistado por su compañera de trabajo Martine. Pero cuando en verdad la máquina imaginativa empieza a funcionar a toda capacidad, es en el momento en que nuevas vecinas llegan al departamento contiguo, en especial una que marcará el desarrollo de la historia: Stephanie, una chica que llena la pantalla de sensibilidad. La relación de desencuentro entre ellos es tan especial, que la personalidad de Stephanie parece tener un cómodo escenario para desarrollarse.

Ralph Towner. Solo
Hijo de un trompetista y de una profesora de piano, el guitarrista, Ralph Towner, aunque de niño estudió ambos instrumentos, solo fue cuando entró en la Universidad de Oregón en 1958, cuando se dedicó en serio a la música. Allí estudio composición y teoría, además de profundizar en el aprendizaje de la trompeta, hasta entonces, su instrumento preferido. En 1962, decidió cambiarse a la guitarra coincidiendo con el ultimo año de Universidad. En 1963, marchó a Austria donde estudió guitarra clásica durante todo un año en la "Vienna Academy of Music" con el profesor, Karl Sheltt. Un breve periodo de interrupción lo traslada a su país de nuevo con la intención de doctorarse en sus estudios, y nuevamente regresa a Viena para continuar con Sheltt, ya hasta 1967. Terminado su periplo europeo, cuando regresa a New York, toca el piano con Astrud Gilberto y también con el grupo de Dave Holland. Llama la atención de Miles Davis y también de Keith Jarrett, quienes le contratan para alguno de sus proyectos. Adoptó la guitarra de doce cuerdas y entró a formar parte del combo de John McLaughin, en el que estaba también, Jimmy Garrison y Winter Consort. Los "Tamba Four" como se les denominó alcanzaron un gran éxito y le sirvió para colaborar con Gary Barton y su grupo "Oregon" en el que tocaban un amplio abanico desde la música rock a la clásica.
En 1974, la revista especializada Down Beat, le otorgó el primer puesto en el refrendun de los críticos de jazz como mejor instrumentista de guitarra, y ello le abrió las puertas del mundo del jazz definitivamente. Viajó a Europa en varias ocasiones, actuando en los Festivales de Berlín y Suecia. Sus discos, excelentes la gran mayoría, han sido todos grabados para el sello ECM y es muy destacable el grabado en 2001 titulado "Anthem" y donde alterna los temas con la guitarra clásica y la de doce cuerdas. El excelente album Solo de 1979 es tomado de una serie de conciertos para guitarra realizados en Alemania y Austria.
Ravioles de camarones (2 personas)
1 taza de harina sin polvos.
3 cucharadas de concentrado de tomates.
2 cucharadas de aceite de oliva.
10 camarones grandes.
1 huevo.
10 huevitos de codorniz cocidos.
Queso rallado.
Ciboulette picado.
sal y pimienta.
Salsa de tomates para acompañar.
Mise en place
En una olla fría en aceite de oliva, con sal y pimienta los camarones y el cibolulette por 3 minutos y reserve. Haga la pasta de la manera usual, incorporando a la harina el concentrado de tomates para lograr una masa de color leventemente rojizo. Estire la masa con un uslero o con la máquina hasta que quede de 1/2 cm. de espesor. En un bowl mezcle la preparación de los camarones con los huevos de codorniz picados, incorpore una cucharada de aceite de oliva, sal y pimienta y revuelva hasta quedar homogéneo. Estire la masa y vaya poniendo pequeñas porciones a 2 cm. de distancia cada una. Encima de esto ponga otra capa de masa y forme los ravioles, cuidando de que no queden "bolsas de aire" entre uno y otro, luego corte con la ruleta. Vuelva a repetir la opración hasta terminar con la masa y el relleno. Para que no se peguen los ravioles ponga en una bandeja un poco de sémola y los ravioles encima, luego vuelva a espolvorear sémola sobre los ravioles. Cueza los ravioles en suficiente agua hirviendo y sirva acompañado de salsa de tomates y abundante queso rallado.
Maridaje
Malbec, Viu Manent, Varietal / Colchagua, 2006. $ 3.500.




